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La Supremacía Blanca Y La Permisividad Del Presidente Trump

Viernes, septiembre 1st, 2017
La Supremacía Blanca Y La Permisividad Del Presidente Trump

Amy Goodman y Denis Moynihan

La vida es efímera, los monumentos perduran. Heather Heyer murió el sábado en Charlottesville, Virginia, cuando un automóvil, supuestamente conducido por un neonazi, embistió contra una multitud que se estaba manifestando en contra de un acto de supremacistas blancos. Alrededor de 20 personas resultaron heridas. El supremacista blanco acusado del homicidio de Heyer, James Alex Fields Jr., de 20 años de edad, estaba en Charlottesville para participar en un acto denominado “Unite the Right” (Unir a la Derecha), junto con otros miles de supremacistas blancos, neonazis y miembros del Ku Klux Klan que se oponen al plan de la ciudad de retirar una estatua del General del ejército confederado Robert E. Lee. Cientos de activistas que condenan el racismo se congregaron para protestar contra el acto de la derecha y para “defender a Charlottesville”. Dos oficiales de la policía estatal de Virginia murieron al estrellarse su helicóptero de vigilancia.

La noche anterior al acto, los organizadores realizaron una marcha evocativa de los desfiles con antorchas de la Alemania nazi. Cientos de personas de raza blanca, en su mayoría jóvenes, coreaban “¡No nos reemplazarán! ¡Los judíos no nos reemplazarán!” y el eslogan nazi de la década de 1930: “¡Sangre y tierra!”: “Blood and Soil! Blood and Soil! Blood and Soil”.

El sábado, el Presidente Donald Trump causó indignación en todo el espectro político (salvo en los supremacistas blancos, que lo elogiaron) cuando culpó de la violencia en Charlottesville a “muchas partes”: “Condenamos en los términos más enérgicos este flagrante despliegue de odio, intolerancia y violencia de muchas partes; de muchas partes”. El lunes, bajo mucha presión, Trump leyó una declaración en la que denunció a los neonazis, la supremacía blanca y el Ku Klux Klan. Su declaración, leída de una pantalla, pareció forzada, al punto que un observador afirmó que parecía el video de un rehén. Un día más tarde, Trump se desdijo. En una acalorada conferencia de prensa sin restricciones ni libreto, Trump declaró que muchos manifestantes de “Unite the Right” eran “buenas personas” y sostuvo que quienes se manifestaron en contra de ellos también deberían ser culpabilizados de la violencia: “Creo que ambas partes son responsables, no me caben dudas al respecto y a ud. tampoco. Y si informaran la verdad, dirían esto”. Tras la pregunta de un periodista acerca del grupo “Unite the Right”, respondió: “Disculpen, había gente muy mala en ese grupo, pero también había muy buenas personas”.

Según el centro de estudios legales Southern Poverty Law Center, hay al menos 1.500 estatuas, placas y monumentos conmemorativos de la Confederación no solo en el sur de Estados Unidos, sino en todo el país. La decisión de retirar la estatua de Robert E. Lee de Charlottesville no fue espontánea, sino que tuvo lugar tras mucha movilización popular, como parte de un creciente movimiento nacional liderado por jóvenes valientes. Una de las acciones más destacadas contra la exhibición de imágenes racistas tuvo lugar el 27 de junio de 2015, en la mañana posterior a una misa en honor a los nueve afroestadounidenses asesinados por el supremacista blanco Dylann Roof en la iglesia Emanuel A.M.E., en Charleston, Carolina del Sur. Bree Newsome, una joven activista y artista afroestradounidense trepó el mástil del edificio del Gobierno estatal de Carolina del Sur y retiró la bandera confederada mientras gritaba: “Vienen a mí con odio, opresión y violencia; yo vengo en nombre de Dios. Esta bandera será retirada hoy”. Tras el ataque de los supremacistas blancos en Charlottesville, Bree Newsome dijo en el programa “DemocracyNow!”: “Esto forma parte de una larga historia y de un patrón terrorista de la supremacía blanca en este país. No solo se trata de actos de violencia que intentan provocar terror, sino que son actos políticos. Es terrorismo. Debería ser calificado como tal, debería ser abordado como tal”.

Dos días después de los incidentes violentos en Charlottesville, un grupo de personas reunidas en el tribunal del condado de Durham en Carolina del Norte retiraron el monumento a los soldados del ejército confederado. Takiyah Thompsonn, una de las activistas presentes allí, dijo en el programa “DemocracyNow!” antes de dirigirse al tribunal para afrontar dos acusaciones por el delito de incitación a la violencia y tres acusaciones de delitos menores, incluido el de desfigurar una estatua: “Todo lo que aliente a esas personas, todo lo que las haga sentirse orgullosas debe ser destruido, del mismo modo que quieren destruir a las personas negras y a los demás grupos a los que atacan. Debemos retirar todas las estatuas de soldados confederados y todo vestigio de la supremacía blanca”. Si bien Takiyah Thompson podría ser condenada a varios años de prisión, se mostró imperturbable: “No se puede mantener a las personas oprimidas por siempre. La gente se alzará, como está ocurriendo en todo el país”.

El lunes, el Concejo Municipal de la ciudad de Baltimore votó a favor de que se retiraran varias estatuas confederadas. El martes, en el silencio de la noche, varios funcionarios municipales retiraron, entre otras, las estatuas ecuestres de los generales Robert E. Lee y Stonewall Jackson. Dos de los tataranietos de Stonewall Jackson enviaron una carta al alcalde de Richmond, Virginia, Levar Stoney, y a la comisión de monumentos de la ciudad para instarlos a que retiraran la estatua ecuestre de su famoso antepasado. Los hermanos William y Warren Christian leyeron un fragmento de su carta en el programa “DemocracyNow!”. Esto leyó William Christian: “Somos originarios de Richmond y también somos tataranietos de Stonewall Jackson. Como dos de los familiares con vida más cercanos de Stonewall escribimos esta carta para solicitar que se retire su estatua y que se retiren todas las estatuas confederadas de la Avenida de los Monumentos. Son símbolos claros del racismo y la supremacía blanca, y hace tiempo que ya no deberían exhibirse en público. Creemos que retirar la estatua de Jackson y de otras figuras necesariamente hará que mantengamos conversaciones difíciles sobre la justicia racial y será el primer paso para que recapacitemos”.

Su hermano, Warren Christian, continuó: “La persistente desigualdad racial en el encarcelamiento, los logros educativos, la violencia policial, las prácticas de contratación, el acceso a la salud y, quizá lo más evidente, la riqueza, dejan en claro que estos monumentos no están por fuera de la historia. El racismo y la supremacía blanca, que sin duda continúan en el día de hoy, no son ni naturales ni inevitables, sino que fueron creados para justificar lo injustificable…”.

El 3 de agosto de 1857, unos años antes de que estallara la Guerra de Secesión y 160 años antes del violento asesinato de Heather Heyer, el legendario esclavo fugitivo y reconocido abolicionista Frederick Douglass pronunció un discurso en el que dijo: “El poder no concede nada sin que se le exija. Nunca lo hizo y nunca lo hará”. El creciente movimiento por la justicia racial está exigiendo y se está movilizando. Los supremacistas blancos tendrán cada día menos estatuas confederadas a las que aferrarse.

Última Actualización: Septiembre 01 de 2017
Fuente: www.democracynow.org

Odio y Locura En La Frontera De México

Viernes, junio 16th, 2017
Odio y Locura En La Frontera De México

Claman al cielo porque, según aseguran, Estados Unidos está sufriendo una gran invasión. Y eso es algo que no pueden permitir. Por ello han decidido pasar a la acción: rifle y prismáticos en mano, dedican su tiempo libre a vigilar que ningún inmigrante indocumentado cruce la frontera con México. Son las patrullas fronterizas voluntarias, aunque también se les conoce como ‘caza inmigrantes’. Una auténtica locura.

El Southern Poverty Law Center ha detectado la existencia de 892 “grupos de odio” en Estados Unidos, de los cuales al menos un centenar se declaran como supremacistas blancos. Sus miembros se explayan, y se organizan, a través de más de 200 páginas web. La entidad no gubernamental ha intentado medir, a través de numerosos informes y de un “mapa americano del odio” interactivo, dónde se localizan y cómo funcionan estas bandas extremistas.

Brownsvile, en Texas, es uno de los puntos de reunión favoritos de muchos de estos patrulleros. Situada al extremo este de la frontera, esta área cuenta con cámaras de vigilancia del Gobierno y agentes oficiales fuertemente armados. A los barcos blindados y aviones no tripulados que sobrevuelan la zona se suman algunos campamentos improvisados de milicias de hombres voluntarios, indignados con un gobierno que –dicen– ha fracasado en asegurar la frontera.

Los vehículos todo terreno de los Patriots rondan la valla fronteriza desde hace varias décadas. A pesar de su recelo con los medios de comunicación, los Patriots abrieron su campo de Brownsville a Reuters en 2014 para una visita exclusiva. Dos banderas daban la bienvenida a su feudo: la estadounidense y otra amarilla gobernada por una serpiente de cascabel (símbolo Gadsen). Inspirándose en el comportamiento de este reptil, que no ataca hasta que le molestan, los patrulleros voluntarios habían colocado un cartel bajo las ondeantes banderas, en el que podía leerse: “Don’t tread on me”. Lo que viene a decir: “Si no me meto contigo, déjame en paz”.

Los Patriots, al igual que otros grupos anti-inmigración como los Minuteman o los Alpha Team, llevan consigo correas de sujeción o esposas para intimidar a las personas que tratan de cruzar la frontera y van acompañados de equipos de comunicación que avisan a las patrullas fronterizas de posibles incursiones. En convoy o a caballo, uniformados con indumentaria militar o calzando botas de cowboy, estos guerreros americanos han emprendido su particular cruzada contra la inmigración en un país que, paradójicamente, es la mejor prueba de que una sociedad multirracial, multicultural y multirreligiosa puede existir, desarrollarse y progresar a un ritmo muy notable. Estados Unidos es el segundo país del mundo con mayor número de hispanohablantes: 55 millones de hispanos, uno de cada seis estadounidenses.

Laura Zamarriego Maestre
Periodista
Twitter: @LZamarriego

Última Actualización: Junio 16 de 2017
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

The Sad State of Atlanta’s Immigration Court

Lunes, marzo 13th, 2017
The Sad State of Atlanta’s Immigration Court

Written by Hilda Bonilla MARCH 10, 2017 in Immigration Courts

The Atlanta immigration court is known as one of the worst places to be in deportation proceedings. For years, the judges have been accused of abusive and unprofessional practices and the denial rate of asylum applications alone is 98 percent.

The latest effort to document this phenomenon comes from Emory Law School and the Southern Poverty Law Center who sent a letter to the Executive Office for Immigration Review (EOIR) this month regarding troubling practices in the Atlanta immigration courts. The letter was based on court observations by Emory Law students, who attended 31 proceedings between August 31 and October 14, 2016.

Observers found that the immigration judges made prejudicial statements, demonstrated a lack of courtesy and professionalism and expressed significant disinterest toward respondents. In one hearing, an attorney argued that his client should be released from detention because he was neither a threat to society nor a flight risk. In rejecting the client’s bond request, the immigration judge reportedly compared an immigrant to a “person coming to your home in a Halloween mask, waving a knife dripping with blood” and asked the attorney if he would let him in.

When the attorney disagreed with this comparison, the immigration judge responded that the “individuals before [him] were economic migrants and that they do not pay taxes.” Another immigration judge reportedly “leaned back in his chair, placed his head in his hands, and closed his eyes” for 23 minutes while the respondent described the murder of her parents and siblings during an asylum hearing.

Other critical problems include disregard for legal arguments, frequent cancellation of hearings at the last minute, lack of individualized consideration of bond requests, and inadequate interpretation services for respondents who do not speak English. The observers also reported that immigration judges often refer to detention centers as “jails” and detainees as “prisoners,” undermining their dignity and humanity and suggesting that the IJs perceive detained immigrants as criminals. Compounding this problem, detained immigrants who appear in immigration court in Atlanta are required to wear jumpsuits and shackles.

Many of these practices stand in stark contrast with the Executive Office of Immigration Reviews’ Ethics and Professionalism Guide for Immigration Judges, which state, among other things, that “an immigration judge… should not, in the performance of official duties, by word or conduct, manifest improper bias or prejudice” and that immigration judge should be “patient, dignified, and courteous, and should act in a professional manner towards all litigants, witnesses, lawyers, and other with whom the immigration judge deals in his or her capacity.”

EOIR has been previously criticized for its lack of transparency on providing the public with information about the complaints brought up against immigration Judges, raising questions about the department’s willingness to hold its judges accountable. For these reasons, the American Immigration Lawyers Association submitted a Freedom of Information Act request on December 2016 requesting records on all complaints filed against immigration judges and how the complaints were resolved. The released records showed that many immigration judges have been accused of abusive behavior towards immigrants.

The letter concludes with recommendations that, if implemented, have the potential to significantly improve the fairness of immigration court proceedings in one of the most hostile jurisdictions in the country. These recommendations include: investigating and monitoring immigration judges at the Atlanta immigration court, requiring immigration judges to record all courtroom proceedings to ensure transparency and accountability for prejudicial statements, investigating the frequent cancellation of hearings, and ensuring high-quality interpretation and availability of sample translations of forms. It is time for EOIR to take these recommendations seriously.

Photo by Tim Evanson.

Última Actualización: March 13 de 2017
Source: http://immigrationimpact.com